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La policía de New Jersey y New York, estaba desconcertada. ¿Cómo demonios pudo entrar ese sujeto a la clínica sin ser visto?
Los dos hombres que custodiaban a Iero se entretuvieron cinco minutos con las enfermeras de la consulta entre tacitas de manzanilla y galletitas. Cinco minutos donde el encapuchado no fue visto por nadie e ingreso a la consulta de Zimmermann para asesinarlo y claro dejarle un recuerdito a Frank, para que no se olvide de que no estaba jugando, oh no, no lo estaba, esto iba en serio, así que mejor te callas la boca y dejas de ir a psiquiatras y llamar tanto a la policía por que me estas enojando y créeme, no te va gustar.
Luego de esos cinco minutos donde ya le habían sacado el teléfono a la enfermera Marcela y estaban quedando para ir a bailar en la noche y por que no luego a un hotel, escucharon los gritos ahogados de Frank, la enfermera les dijo que era mejor no molestarlo seguro estaba discutiendo con el Doctor, el señor había estado muy alterado desde que llego mejor tomen sus manzanillas chicos que les traigo mas galletitas.
Pero cuando se sintieron el golpe de un cuerpo en la puerta, dejaron las galletitas de mantequilla y tocaron la puerta.
- ¿Señor Iero? ¿se encuentra bien?
Esperaron 5 segundos y no hubo respuesta, así que decidieron tumbar la puerta.
El cuadro era este: Frank estaba casi inconciente con un desarmador en el estómago pegado a la puerta, respirando con dificultad, estaba sangrando, horrizado, se había vuelto a orinar en los pantalones. El Doctor Zimmerman era otra cosa, estaba tirado en la alfombra, sus ojos estaban abiertos, como si hubiera muerto mirando al asesino, rogándole al encapuchado que no lo mate, su cuello estaba abierto en forma de una sonrisa que escupía sangre a borbotones.
Ambos se fijaron en la ventana abierta de la consulta, la cortina se serpenteaba con el aire, había una pequeña maceta con un bonsái rota al pie de la ventana. El hombre había salido por ahí.
De inmediato mandaron a cerrar el edificio, pero fue en vano. Ya se había escapado.
Llevaron al Doctor Zimmerman y a Frank al hospital más cercano. Uno ya estaba muerto, el otro tan solo parecía estarlo.
- ¡Que no se me acerque! ¡Por favor, que el maldito no me toque más!
Fue lo primero que dijo Iero al recuperar totalmente la conciencia. El medico examino su herida. Le tomaron placas. No había daños internos. Aparentemente el agresor inserto la herramienta en forma de querer hacerle un piercing. Solo había tocado la piel, la había rasgado y clavado el destornillador y dejado con la punta de pie, tocándole las entrañas, para que con el mínimo movimiento, el mismo se destroce por dentro.
La herida necesito 5 puntos. A Frank le dolieron los puntos, le dolían las imágenes de su cabeza. El encapuchado a su lado lamiéndole el cuello, quitándole el desarmador del cuello al Dr. Zimmerman, clavándoselo en el estomago, rasgándolo, sonriéndole, lamiéndole la oreja, oh si Frankie sabes tan bien, algún día cocinaré algo contigo, con tu orejita suavecita, le dijo mordiéndola.
- Muy bien señor Iero, parece que hoy también tuvo suerte
- ¿Suerte? ¡Tengo cinco puntos en el estomago y tengo suerte!
- Aparentemente el sujeto no quiere matarlo
- ¡No me diga!
- La primera vez que lo ataco, donde usted dice recordar muy poco, lo drogo, lo amarró, lo golpeo y tuvo sexo con usted…
- Me violo, no tuvo sexo conmigo
- De acuerdo, lo violo. La segunda vez fue parecida, salvo por los golpes que no fueron tan salvajes como la primera vez, quizás por que no puso tanta resistencia ¿Había tomado sedantes antes, no es cierto?
- Si…
- Y bueno la tercera es esta, parece que no quiere que usted valla contando las cosas que le hace, es como si el supiera que usted sabe quien es el
- …
- ¿Lo sabe?
- No
- ¿esta seguro señor Iero? ¿Esta completamente seguro de que no sabe quien es el sujeto que lo ataca?
- El Doctor Zimmerman me pregunto lo mismo y el apareció
- Pues aquí no aparecerá, estamos rodeados de policías como yo y todos tenemos una de estas – el policía tocó su arma una calibre 38 - así que hable Iero, si no quiere amanecer muerto la cuarta vez que lo visite su amigo
- El no es mi amigo
- ¿No?
- No… el… tampoco estoy seguro de que sea él
- ¿Quién señor Iero?
Frank se resistía a contar lo que su mente ya había deducido, le daba miedo saber que si revelaba de quien el pensaba era el encapuchado, este vuelva con mas fuerza y lo haga trizas, pero antes se lo coma viva, como ya se lo había dicho. Frank toco su oreja derecha y se le erizo el cuerpo. Mejor quedarse callado, para que arriesgar. Además tampoco estaba seguro si era él, era una suposición que bien podía ser cierta, total jamás este le había lamido el cuello como para decir, tienen la misma lengua de gato, es el mismo hijo de puta que me clavo el destornillador en el estomago, que me violo y me meo encima y ahora yo me meo en los pantalones cuando lo veo. Otro agente de la policía entro a la habitación interrumpiendo a Iero, con una hoja impresa en la mano.
- López, venga tenemos información
- ¿Información?
- Si, es sobre Gerard Way – Frank se sentó en la cama
- ¿Gerard? ¿Qué pasa con él? – preguntó Frank y no pudo evitar recordar a Mikey repitiéndole ¡Pum, Pum!
- Espere un momento aquí señor Iero, vuelvo en un minuto para que me cuente sobre su amigo
- ¡ya le dije que no es mi amigo! – grito Frank y sintió que uno de los puntos iba a reventársele
El agente López salio de la habitación cerrando la puerta con llave por fuera y siguió al agente Stainton quien estaba muy excitado con el papel que traía en la mano. Frank se levanto de la cama y caminó por la habitación con dificultad, los puntos habían sido puestos 10 minutos antes. Avanzo hacia la puerta y llego a oír lo que los agentes hablaban.
- La esposa de Gerard Way acaba de recibir un correo electrónico
- ¡No me diga! ¿Para eso me saca de un interrogatorio?
- López, este no es cualquier correo electrónico, es de su esposo
- ¿Cómo dice?
- Esta vivo López, Gerard Way esta vivo
- ¿Cómo?
- Lo tienen secuestrado, no se como pudo enviar el correo, estamos rastreando la señal
En ese momento una mano toco el hombro de Frank Iero y lo lanzó con fuerza al piso. Iero estaba encerrado con el maniático de la capucha negra quien no lucía muy contento.
- Este hijo de puta no se va a escapar ¿escuchaste Frank? ¡No se va escapar! Por que si lo hace… oh – suspiró como disfrutándolo – tu la vas a pagar muy caro
La hoja filuda de un bisturí corto el lóbulo de la oreja derecha de Iero, quien no pudo gritar, tan solo volvió a hacerse en los pantalones.
- Así me gusta, que sepas quien manda aquí, que te mees de miedo por mi, ahora… por tu bien, que no encuentren a Gerard, por que… - el sujeto lamió el pedazo de carne de Iero que colgaba en el bisturí – Me comeré cada pedazo de tu tatuado cuerpecito
Ahí fue donde Frank no soportó más y comenzó a gritar de miedo. Los agentes se acercaron a la habitación muy tarde, el encapuchado había huido. La ventana estaba abierta, las cortinas bailaban con el aire y Iero tenia sangre hasta la nuca, su oreja estaba chorreando sangre a borbotones. Su cuerpo tembloroso estaba tirado en un charco de sus propios orines y el no dejaba de repetir en sollozos.
- Por favor, que no me vuelva a tocar mas, por favor