domingo, 1 de enero de 2012

Capitulo XXII

22






La relación entre Bandit y Lily siempre fue buena. Si bien no coincidían en mucho, siempre se trataban con respeto y un cariño de hermanas al que estaban acostumbradas puesto que crecieron juntas en las giras que daban sus padres alrededor del mundo con la banda. Pero todo cambió desde que el padre de Bandit murió. Lily quien si bien no siempre participaba en los juegos de armarle la casita a la Barbie ni dibujos de historietas, acompañaba a su hermana y Bandit en la misma habitación con sus grandes muñecas bebitas, les cambiaba el pañal, les daba de comer y las quería como si fueran sus propias hijas. Entonces esa misma noche en la que Bandit apareció en el closet de la casa del padre de Lily y Cherry, las cosas cambiaron. Bandit no podía decir la verdad de que hacía ahí, no podía hacerlo, por ahora no. Entonces le dijo a Jamia que no le cuente a nadie que la había encontrado ahí, que ella buscaba a Cherry y Lily y se fue caminando desde sus clases de pintura a la casa de Frank que era la más cercana, entonces entró por la puerta trasera, pero como escuchó bulla se escondió con los perros y nada más. Jamia la quiso llevar de inmediato donde su madre para que esta decida que hacer, pero Bandit le dijo que su madre no debía saber ello por que iba a castigarla si sabía que se había ido sola de las clases burlando al chofer, mejor le diga que la recogió de las clases junto con Cherry y se fueron a su casa donde harían una pijamada. Jamia se asombró de la imaginación de la niña, se le notaba nerviosa, y Jamia no tenía ganas de pensar en ese momento, ya de por si estaba horrorizada por lo que le había pasado a su ex marido, así que hizo lo que le pidió Bandit y se olvido del tema. Bandit lloró toda esa noche, lloró tanto esa que pareciera gastó sus lagrimas, por que en el entierro de su padre no derramo ni una. Solo mantuvo la cabeza gacha y la mirada perdida, mientras apretaba la mano de Cherry.
Días después cuando Lily y su hermana visitaron a Bandit, esta ya no era la misma. El cabello que siempre lo traía con una cinta coqueta o un par de colitas, ahora lucía opaco, sucio y suelto. Su ropa había cambiado, era negra y estaba sucia, donde vieran a Bandit Lee Way estaba sucia. Sus ojos siempre chispeantes estaban parcos, y su mirada parecía vacía. Lily trato de entenderla, ella también se sentía mal por que su papá estaba el hospital, y era horrible que papá no este para ella. Fue ahí donde vio los dibujos de la pared de su habitación de Bandit. Eran tétricos, oscuros, sangrantes, horribles para Lily. Ya no habían mariposas en las paredes ni caricaturas de perritos como las que dibujaba con su hermana, ahora habían cadáveres colgando, cosas terribles.
Cuando llegaron los insultos, peleas, gritos y burlas, muchas burlas, burlas crueles de las que su hermana participaba, Lily comenzó a derrumbarse. No entendía por que la trataban tan feo, ya no la llamaban por su nombre, ahora era pelota, gorda, fea, obesa, chancha o algún otro adjetivo descalificativo.
A pesar de su dolor, intentó hablar con Bandit, no le gustaba para nada que la trate así de feo, que la insulte, que la haga llorar, pero Bandit la ignoró por completo y actuaba como si ella no estuviera presente. Ya no eran amigas, ahora Bandit se había convertido en un monstruo que dibujaba cosas horribles y la trataba mal.
Los accidentes de Lily empezaron al poco tiempo. El primero fue cuando se cayó de las escaleras en presencia de Frank. Lily prefirió no decir nada sobre lo ocurrido, dijo que se había tropezado, que había sido un accidente. De ahí vinieron los cardenales en el brazo. Lily alego haberse caído, por más que había marcas de dedos furiosos en sus brazos. Y claro, el chicle en el cabello. Jamia quedó horrorizada por el chicle que su pequeña traía pegoteado en el cabello, era grande y la presión al ser pegoteado había sido tan fuerte, que el cuero cabelludo de su hija estaba irritado. Pero Lily nuevamente dijo que se había golpeado la cabeza y justo en esa pared había un chicle pegado, que fue otro accidente. Los accidentes de Lily eran cada vez mas frecuentes y Jamia había dejado de prestarle atención, por que pensaba que su hija solo era una niña despistada, como lo fue ella de pequeña.
Cuando Cherry recibió el mensaje de Bandit diciéndole que su madre la invitaba a pasar la tarde juntas. La cara de Lily de felicidad abrazando a su oso de peluche se descompuso. No quería ir a casa de Bandit, no quería sufrir otro accidente. No, otro más, no. Sus bracitos moreteados aún le dolían y el corte de cabello que su madre le había echo por el chicle en la cabeza le hacía sentir como una tonta.

- Si no vas, mamá no me dejará ir a mi
- ¡Pero te ha invitado a ti, a mi no!
- Vamos Pelota no seas cobarde
- ¡Cállate Cherry! ¡Cállate o le diré toda la verdad!
- Oh… ¡Le vas a decir toda la verdad! ¡Me estas amenazando gorda!
- Le voy a decir – gimió Lily – ya verás – soltó poniéndose a llorar

Cuando Jamia entró a la habitación para llevarse a las niñas. Lily ya había dejado de llorar y estaba encerrada en el baño. Cherry por su parte había empacado todos sus dibujos y crayones, junto con su pijama, por si tenía suerte y se quedaba a dormir.

- mamá, no quiero ir
- pero Lily, es bueno que socialices, te la pasas encerrada
- pero no quiero ver a Bandit, esta loca
- no esta loca, esta triste por que su papa murió – dijo Cherry
- papito también estuvo muy enfermo y yo no me puse así – le contesto Lily
- lo hace por molestar ¿te das cuenta mamá? Como ella no tiene amigas, no quiere que yo tampoco tenga – chilló Cherry
- Vamos Lily, no perdamos tiempo que tengo cosas que hacer
- Pero mami, yo no quiero ir, yo me quedo aquí
- No puedes quedarse solita corazón
- Entonces dejas a Cherry y me quedo contigo por favor
- De acuerdo cariño, vamos

Y ese era el plan, llegar, dejar a Cherry y Lily pasaría una linda tarde con mamá. Pero no contó con que su madre se quedaría conversando con la mama de Bandit y ella quedaría cuidando al hermano de Bandit, cosa que no le disgusto, al contrario, lo disfruto, adoraba a los bebes, ella quería tener 10 hijos algún día y pasear al pequeño Séance era genial. Pero un paseo, era un paseo y cuando entró a la casa luego de haber recorrido todo el jardín con el bebé, se dio con la sorpresa de que su madre no estaba por ningún lado de la casa.


- ¿mami?

La buscó por toda la primera planta, pero no la encontró y el pánico se apodero de ella. Mamá se había ido, la había dejado. Estaba sola, solita, y de ninguna manera, iba subir a ver a su hermana ni a la loca de Bandit. Estaba perdida.

La habitación de Bandit era grande, pero poco iluminada. Las ventanas traían cortinas largas y espesas, las paredes traían un fondo blanco que en algún momento tenía dibujitos de maripositas y cómics dibujados por su padre, ahora eso había desaparecido y la pared lucía miles de dibujos pintados de negro y rojo. Al medio de la pared había un corazón grande y rojo que sangraba, Bandit le había pegado papelitos doblados y cerrados en el medio. Cuando su madre le pregunto de qué se trataba todo ello, ella decía que eran sus penas y las pegaba ahí para olvidarlas. Pero no era así. Bandit no olvidaba, no lo iba a ser nunca.
Cherry estaba recostada sobre Bandit mientras escuchaba una de las historias que había escrito. Bandit la contaba sin mucho entusiasmo a excepción de cuando llegaba a sus partes favoritas, que eran los asesinatos en la historia.

- Esta de horror
- ¿quiere decir que es buena?
- Si, claro, todo lo que haces es bueno
- Vale – dijo cerrando la historia – entonces la seguimos después, estoy algo cansada
- ¿Por qué? ¿Qué hiciste temprano?
- Vino tío Mikey con tía Alicia y fuimos al centro comercial
- ¿tú fuiste al centro comercial? No te creo
- Lo se, pero lo hice por Ali, ya sabes que no sale mucho
- Tu tío esta loco
- Lo sé
- Esta tan loco como tu papá
- Te eh dicho miles de veces que no hables mal de mi padre
- Lo siento, es que cuando lo recuerdo…
- Como sea, prefiero que mi viejo halla sido un loco a su manera, que un gordo arrastrado como el tuyo
- Eso no es cierto
- ¿Segura? Hablando de gordura… tú haz engordado Cherry, te pareces a la pelota de tu hermana
- No hay forma, yo no estoy comiendo de noche, es mas, no estoy desayunando
- Pero almuerzas, y mucho, creo que estas mas gorda que la ultima vez que te vi, haber… - Bandit le metió la mano debajo del polo a Cherry y le peñisco el estómago – que cerda
- No inventes
- No invento, cuando te echaste encima mío, no me dejabas respirar, estas echa una cerdita
- No es cierto, no empieces Bandit, conmigo no
- Oh no Cerdita, no bromeo, lo hago por tu bien – dijo Bandit tomándole de las manos – eres una cerdita mi pequeña Cherry, y no quiero que mi novia este gorda ¿entiendes?
- …
- Se que no es tu culpa, vienes de una familia obesa, pero… puedes controlarlo
- Vale – dijo Cherry, sus ojos comenzaron a aguarse
- Vamos pequeña Cherry, no estés triste, yo haré que dejes de ser una cerdita ¿si?

Las manos de Bandit limpiaron las lágrimas nacientes de Cherry, y sus labios se posaron sobre los de la hija de Frank. Le dio un beso cortito, pero este hizo que Cherry dejara de llorar.

- ¿sabes Cherry? Creo que peor que estar gorda es estar loca
- No digas eso
- Si, es peor, la locura no se cura nunca – ahora eran los ojos de Bandit los que se aguaban

Bandit se alejo de ella, y agarró un pequeño oso de peluche que en algún momento fue color rosa y ahora tiene manchas de sangre en la cabeza. Lo miró y secó con el sus nacientes lagrimas. No debía recordar. No podía evitar hacerlo. Las cicatrices en los brazos, los muslos, el vientre, todas ellas ardían, ardían y gritaban, reclamaban que las abran, que no las dejen selladas, que si seguían así iban a terminar volviéndola loca, loca, muy loca y ella, no ella no podía permitirlo, no podía permitirse eso. Además las lágrimas, había jurado no llorar mas, se lo juro a ella misma y no podía volver a faltar a su juramento. Respiro, una, dos, tres veces y sus ojos se abrieron como platos, sus grandes ojos heredados a los de su padre. No iba a llorar, no iba a recordar. No, ella debía, olvidar, ahora solo olvidar, si olvidar. ¿Dónde rayos esta el sacapuntas?

- ¿jugamos a algo? – preguntó Bandit volteando hacia Cherry, sus ojos aún irritados estaban dilatados, eran idénticos a los de su padre
- Vale, pero… ¿no tendrá que ver con el saca puntas?
- Eso depende de ti
- Bandit, mejor… otra cosa – Cherry abrió su mochila y sacó unos cuadernos con dibujos – en la mañana estuve pintando unas cosas y…
- ¿tienes miedo cerdita?
- No me llames así
- Es muy simple, la reina manda, ¿piedra papel o tijera?
- Pero… no metamos a Lily
- ¿Por qué? Es divertido
- ¡no lo es! – gritó Cherry zafándose de sus manos
- ¿me estas gritando?
- Ella no es como nosotras, aun juega con muñecas, es una niña
- Ni que fuera la primera vez que hace de esclava
- Mi mamá no quería que venga mas… no quiero que vuelva a pasar lo del hospital ¿lo entiendes?
- Tu vieja es una exagerada, la gorda de Lily solo rebotó un poquito
- Se golpeo fuerte, mi mamá se enojo conmigo, siempre me lo recuerda
- Y eso que no sabe que la tú la empujaste
- Yo…
- Venga Cherry, ¿piedra, papel o tijera?


Frank Iero abrió su mesita de noche y saco un coctel de pastillas dentro de un pequeño frasquito. Con la mano temblorosa destapo la botella, trago las pastillas y las paso con el agua. No tenia idea de cuanto tiempo había transcurrido desde que llamo su ex esposa, solo sabia que estaba oscureciendo y si no se daba prisa iba a ganarse un gran problema con ella. Salió de la habitación y se encontró en la cocina con Michael Pedicone en su silla de ruedas. Camino hacia el auto y casi tropieza con él.

- Lo sien…

Michael siguió con la mirada fija hacia el jardín sin parpadear. Frank avanzó hasta su camioneta donde Brando y 2 chicos nuevos de seguridad conversaban mientras tomaban una bebida energética. Frank se paro delante de ellos y sacó su celular, reviso sus correos y nada, no había ni un maldito correo de Gerard.

¿Hasta cuando iba a seguir con esa angustia?

Los hombres se quedaron mirando en silencio. Brando se acercó a su jefe quien estaba tiritando y lagrimeando.

- ¿Puedo ayudarlo en algo señor?
- Si… trae a Gerard, tráelo de donde lo tenga metido ese maldito loco
- Venga pase a la casa, necesita descansar
- No joder, tengo que encontrar a Gerard y… recoger a las niñas
- De acuerdo, iré por sus hijas, usted recuéstese un rato, le pediré a Pedro que le suba una manzanilla
- No quiero una jodida manzanilla, quiero a mi Gerard – dijo gimiendo
- Vamos señor, suba, aun no se recupera de la perdida de sus amigos, será mejor que descanse, yo iré por sus pequeñas ¿si? Dígame ¿Dónde están?
- No se, en clase, en el parque, oh mierda que no estén en el parque solas
- No creo que la señora Jamia las halla dejado en el parque solas, voy a llamar a preguntarle donde paso por las niñas
- No, Brando yo tengo que ir, me va a matar si no voy, esta menopaúsica ¿sabes?
- De acuerdo, déjeme ayudarlo a llegar al auto – dijo apoyando un brazo de Frank en su hombro, Brando tuvo que agacharse casi a la mirad de su cuerpo - trate de descansar en el camino – le dijo sentándolo – llamare a la señora para preguntarle donde recogemos a las niñas ¿si?

Frank se echo en el mueble del asiento trasero y se quedo entre dormido y despierto. Los antidepresivos y ansiolíticos que había ingerido empezaron a zapatearle la cabeza con Gerard adentro.
¿Seguirá vivo?
¿Por qué no se había comunicado hasta ahora?
¿Debería hacer algo?
¿Llamar a la policía? ¿Un detective privado? ¿Mandar a los chicos de seguridad?

Será mejor que no le cuentes a nadie que estuve aquí.

El encapuchado nunca se fue.
Había regresado.

Las camionetas de Ray Toro y Jeff Watson donde habían ido sus amigos a celebrar sus 40 años, habían aparecido por pedazos junto a los cuerpos de sus amigos en un acantilado rumbo a la carretera de Belleville. Los cuerpos estaban irreconocibles, la policía determino que los choferes y pasajeros de ambas camionetas habían estado totalmente alcoholizados y habían perdido el control del camino chocando entre sí, cayendo aparatosamente por el acantilado donde habían explotado.
El maldito lo había disfrutado.
La gasolina, el fuego, la explosión.
Arrastrar a Iero hacia ello, obligarlo a rosear gasolina sobre sus amigos, encender el cerillo.
Los ojos del encapuchado brillaban de emoción ante el espectáculo.

- ¿Señor, desea algo de la tienda de la gasolinera?

Frank saltó del susto y miró a su seguridad respondiendo segundos después de haber procesado la pregunta.

- No, gracias
- De acuerdo, iré por unas botellas de agua, Pedro se quedará en el auto con usted, por favor trate de descansar
- Deja de mandarme a descansar
- Lo siento señor – dijo Brando sonriendo paternalmente

Frank se echo nuevamente sobre el asiento y las imágenes volvieron a su cabeza. A penas llegaron a casa luego de la explosión, el encapuchado cavo una fosa en el jardín de la casa, metió el cuerpo de la enfermera y de los 2 tipos de seguridad mientras metía la manguera en la casa y tiraba lejía por todos lados para borrar los rastros de sangre.
Luego de ello lo besó hasta que poseyó el adolorido cuerpo de Iero, mientras le contaba todas las cosas que pensaba hacerle a Gerard por haberle cantado la serenata. El sujeto lo tuvo amarrado en la cama hasta que lo soltó en el crepúsculo donde no dejo de montarlo y desapareció de la misma manera que llegó.

- Volveré – le prometió – volveré por ti

Las manos de Frank taparon sus oídos dentro de la camioneta, es como si aún pudiera volver a oír al maldito ahí a su lado. Reviso nuevamente su celular y nada. Gerard seguía sin escribir. Sabía que no podía dejar de pasar ni un minuto más a Gerard a la merced de ese loco, no podía permitir que le haga todas esas cosas horribles que le había dicho, tenia que encontrarlo, pero ¿Dónde? ¿Dónde tenia que buscar?

- Llegamos – avisó Brando

Frank miró la casa donde la camioneta se había estacionado y sintió hormigas corriendo por todo su cuerpo.

- ¿Desea que lo acompañe señor?
- Estamos en casa de Gerard…
- La señora Jamia dijo que pasara por las niñas aquí

Frank bajo de la camioneta y caminó hacia la puerta por un sendero de arboles. Cerró los ojos y poso sus dedos sobre la puerta. Pensó en Gerard abriéndole la puerta antes que sus nudillos toquen la madera. Gerard jalándolo dentro de la casa, besándolo, diciéndole que no esta Lindsey y que las niñas iban a estar bien con Bandit, que se dieran prisa por que moría por estar con él.

- Al fin llegas – dijo Lindsey abriendo la puerta – no te dijo Jamia que era en un par de horas, ya pasaron 5
- Yo…
- Pasa ¿quieres?
- Las niñas hicieron algo, ¿Dónde están?
- Olvídate de tus engendras y escúchame… ¿Gerard te ha… escrito?
- Lo vi por video llamada en mi cumpleaños, me cantó y de ahí… - Frank comenzó a gimotear
- ¿lo viste? Dios mio, ¿realmente lo viste?
- No se nada de él, me estoy muriendo
- Oh mierda, oh carajo
- ¿Qué pasa? ¿Qué cosa sabes?
- Es que creo… creo saber donde esta
- De que demonios hablas ¿Dónde esta? ¡dímelo!
- Es que no estoy segura, es solo…
- ¡Dímelo Lindsey!
- ¿Gerard te hablo de donde lo tenían?
- Solo un sótano, creo que olía a cerezos, escúchame tenemos que encontrarlo, van a matarlo lentamente, no podemos…
- ¡Ya cállate enano! ¿Es que eres tan bruto que no te haz dado cuenta?
- ¿Qué? ¿Qué cosa Lindsey?
- Sótano, cerezos, Belleville, Gerard esta secuestrado en la antigua casa de sus padres.

Frank tuvo que sujetarse del hombro de Lindsey o caía al suelo. Como pudo ser tan idiota, como no pudo deducirlo el mismo. Si Gerard realmente estaba secuestrado ahí, Frank no iba a perder mas tiempo, iba a ir a sacarlo ahora mismo.