miércoles, 2 de enero de 2013

Capitulo XXXI


31





Esa tarde, Michael Pedicone salió furioso de casa de Frank, con maleta en mano y sin rumbo fijo. Dio vueltas por el vecindario un buen rato, pensando que Frank lo llamaría. Claro, nunca lo hiso. Después decidió salir de la ciudad, pensando en que hueco refugiarse, puesto que no tenía casa. No podía volver a casa de su ex esposa y decirle: Terminé con mi amante, porque el que te deje después de sufrir un aborto ¿volvemos? No, no había forma de que él haga eso. Sobre todo porque su ex esposa lo odiaba a muerte y había jurado que si él volvía a pisar la casa, lo quemaría vivo.
Tampoco podía volver a casa de su madre.
Desde que se enteró que dejo a su esposa por el enano de la banda donde este mismo lo botó como un perro, le dijo a su hijo que había perdido a su madre. Además de que sus hermanos no soportaban el hecho de que su heterosexual, casi italiano hermano sea gay. Claro, Pedicone les había dicho que no era gay, que eran amigos. De qué bueno, si había pasado algo, más que algo. Ya, está bien, me lo tiro. Pero yo soy el activo, por si acaso. A mí nadie me la mete hermano, mi sangre italiana no me lo permite. Yo soy el que se revienta al enano, a mí ni me toca. Bueno si, pero no como piensas, nada doloroso. De igual manera, sus hermanos no se habían tragado ese cuento y le habían dado la espalda.

Así que siguió dando vueltas en la ciudad con el poco dinero que traía en el bolsillo. Dinero que por cierto era de Frank. Pedicone no trabajaba, bueno, tenía uno que otro cachuelo, pero un trabajo fijo. No.
Era peluquero, pero luego de que casi le corta una oreja a un cliente, se había quedado sin estos. Y cuando intento ser peluquero de perros, tuvo que renunciar el mismo día, porque los perros lo odiaban. Pedicone nunca entendió el porqué de eso, luego sospechó que los perros de Frank habían conspirado para que se quede sin trabajo. Pero claro, eso es parte de su imaginación. Aunque quien sabe, Frank estaba tan cabreado cuando lo hecho de la banda, que movió tantas influencias que Pedicone no conseguía trabajo, su esposa lo mantuvo hasta que el mismo se fue de la casa.

Así que ahí estaba. Dando vueltas por la ciudad. Cabreado con Frank, por que seguía escribiéndole a Gerard. Diciéndole que sólo sentía agradecimiento por él.
¿Agradecimiento?
Enano de mierda, encima que perdone que me botaras como un perro de la banda, de que no haya podido tener un maldito trabajo musical, gracias a toda la mierda que me tiraste. Que a pesar de todo ello, te haya contestado el teléfono esas veces en las que Gerard no podía verse contigo y te dejaba tirado en un hotel de mala muerte en la carretera. Donde yo, sí, yo me iba como un pelotudo a saciar tu cuerpo, mientras mi pobre esposa se rompía el lomo para llevarme a París.
Ah no, Frank. Eso no se hace.
Los ojos empezaron a escocerle, pero se contuvo. No iba a llorar. No.
Pedicone contó el dinero que tenía. Le alcanzaba para tomarse un par de cervezas, quizás 4, quien sabe, si el mesero lo reconocía hasta podía regalarle una. Así que entro a uno de esos bares concurridos por estrellitas de rock, esas con y sin trabajo, que siempre estaban con sed y se metían a emborracharse a ese hueco. Pidió una cerveza y la seco a la primera, mientras picaba del maní que habían servido de piqueo a lado, y pensó en Frank. Pensó mucho en él. En como lo quería. Cómo odiaba que no él no lo quisiera.
Pidió otra cerveza que también seco al instante.
Y se puso a llorar.

-   ¿Michael?

Pedicone levantó el rostro lleno de lágrimas. A su lado, ya se habían juntado 4 botellas de cerveza.

-   Soy Shaun, Shaun Simons. Nos conocimos gracias a Gerard Way. ¿Me recuerdas?

Pedicone no tenía la más mínima idea de quien era ese tipo y sinceramente no le interesaba. Vestía raro y tenía cara de loco, además estaba llorando y no le gustaba que nadie lo viera llorar. Y menos por esa perra malagradecida. Pero si sabía quién era el miserable que los presento. Gerard. Ese cabrón hasta muerto seguía perturbándole la existencia.

-   Lo siento, no…
-   No importa, me enteré que vives con Frank ¿Están juntos?

Ahora sí Michael levantó la cabeza. ¿Quién rayos era este tipo?

-   ¿Cómo sabes eso?
-   Me lo contó Gerard
-   Gerard está muerto – dijo Pedicone
-   Si, bueno, me lo dijo antes de morir
-   Ya
-   ¿entonces si están juntos?
-   Bueno, si... no, espera, no… ya no – dijo rompiendo en llanto
-   ¿Paso algo?
-   Bueno… oye en realidad, prefiero…
-   Tranquilo. No eres el único al que esa perra le rompió el corazón
-   ¿De qué…? ¿De qué hablas?
-   Yo también me acostaba con él
-   Ah…
-   No te preocupes, fue ya hace algún tiempo. Era el consuelo de Frank, cuando Gerard lo dejaba

Pedicone se cabreó más. Primero, porque él pensaba que era el único consuelo de Frank. Segundo, porque Frank se había abierto de piernas con alguien más, posiblemente en el tiempo en el que también se abría de piernas con él y con Gerard claro. Tercero, ese sujeto ya le caía mal. Sobre todo porque si lo veías bien… tenía un parecido a Gerard. Sí, eso. Se parecía a Gerard. Su forma de hablar, de vestir, no sé. Pero algo tenía.

-   Oye… quiero estar solo
-   Descuida, ya me voy. Sólo te doy un consejo. Si quieres a Frank, cómo parece que haces… si, digamos que tu llanto te delata. Búscalo. Y hazlo antes de que sea demasiado tarde. Ya sabes cómo es Frank. Lo más probable es que a estas alturas ya esté buscándote reemplazo.

Los ojos de Michael se abrieron como platos y se cabreó aún más. Por qué sabía que ese tipo le estaba diciendo la verdad. Frank no podía estar sólo ni un minuto. Siempre estaba mendigando amor a alguien. Sobre todo, estaba mendigando sexo.
Necesitaba a Frank. Necesitaba volver con él. Joder, lo quería. Realmente lo quería. No podía permitir que Frank busque a alguien más. No podía concebir esa idea. Frank era lo único que tenía.
Michael tiro los únicos billetes que traía en el bolsillo en la mesa y salió del bar casi corriendo.
Shaun de pie en la mesa aún, esbozó una sonrisa.

Pedicone prácticamente se aventó en el auto y manejo a toda velocidad.
No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido dando vueltas y menos en el bar. Esperaba que en ese tiempo, Frank aún no le haya buscado remplazo.
A medio camino, el auto comenzó a pedir gasolina. Tenía el tanque vacío.
Mierda.
Corrió lo más rápido posible a un grifo, pero quedo a un kilómetro. Empujo el auto en todo ese trayecto. Sacó su billetera y sólo tenía 75 centavos.  Busco bien y encontró su tarjeta de crédito. Bueno, la tarjeta de crédito que su esposa muy gentilmente le había dado para sus gastos. ¿La habría cancelado?
Michael la introdujo en el tanque de gasolina y marco la clave.
La tarjeta seguía activada. Pedicone sonrió y llenó el tanque. Mientras entró al market del grifo y compró con la tarjeta un ramo de rosas rojas y condones. Luego se arrepintió, cuando su ex mujer vea la cuenta, iba a matarlo. Pero ya estaba hecho y era por una buena causa.
Reconciliarse con Frank.

Con una sonrisa en los labios estacionó el auto, metió los condones en sus bolsillos, y sostuvo el ramo de rosas.
Cuando introdujo las llaves en la cerradura se percató que la puerta había sido forzada. La chapa estaba rota. Entro a la casa, avanzó despacio y algo lo golpeó. Lo rompió. Le partió la cabeza en dos. Y también el corazón. Fue ahí, donde empezó la noche para él.
Cuando volvió en sí. No podía abrir los ojos. Es más no los sentía. Sólo vio tinieblas. Lo peor de todo, era que no se podía mover. Su cuerpo no respondía.
La siguiente vez, algo pudo ver con un solo ojo. El otro estaba muerto. Destrozado. Todo para él eran imágenes difusas, borrosas. Tampoco escuchaba. Estaba casi sordo del todo. La voz no le salía. Ni siquiera un gritillo, un gruñido. Nada. Sus músculos seguían sin responder y su ojo nublado se cansaba rápido y lo llevaba a las tinieblas. Hasta que un día, su cuerpo poco a poco comenzó a responder. Empezó a escuchar mejor. Y su visión poco a poco se iba esclareciendo. Mientras la sangre se derramaba alrededor suyo.

Pedicone vio a su enfermera y lamentó no haber hecho nada por ella. Quizás con mucho esfuerzo, podría lanzarle algo en la cabeza a uno de ellos. ¿Pero a los dos? Mikey estaba enloquecido y Frank… estaba loco. Completamente loco. Así que se quedó quieto como siempre. Escucho sus voces, sus gritos, hasta que la voz de Mikey se apagó. Estaba muerto, no tenía la más mínima duda. Luego hubo un silencio. Y llanto. Frank lloraba. Lloraba desconsoladamente. ¿Era Frank?
¿Seguía viendo a un encapuchado o es que ya se dio cuenta de que no existía?

El perro que Frank rescató de la carretera a la casa. Olió a Pedicone y a la enfermera muerta a sus pies. La lamió. Michael levanto el pie para ahuyentarlo, pero el perro lo ignoró y siguió lamiendo la sangre de la muerta. Michael estuvo a punto de levantarse de la silla de ruedas para así impedir que el perro se coma a su pobre enfermera, pero se quedó sentado por el grito furioso que vino de dentro de la casa. No parecía una voz humana. No, es que él no era humano, era un maldito monstro.
¡Trash! Un sonido de vidrios rotos vino de fuera de la casa.
Ras,…. ras,… ras… unos pasos furiosos de acercaban hacía el sonido de vidrios.
Frank avanzaba con un cuchillo en la mano.
Su rostro estaba lleno de lágrimas. Sus ojos estaban hinchados.
Pedicone no podía reconocer al sujeto que caminaba cerca de él con un cuchillo en la mano. Ese no era su Frank. No, no era el hombre por el perdió la cabeza. No podía ser el mismo, por quien dejo a su esposa, se peleó con su familia y se quedó sólo, prácticamente en la calle.
Pedicone quiso levantarse, empujarlo, arrancarle la ropa. Besarlo y poseerlo. Hacerle recordar quien era. Hacerlo volver en sí. Pero tuvo miedo.
Se quedó en silencio, mirando a punto fijo con su único ojo bueno. Intentó no respirar, no emitió el mínimo.
Frank sin embargo, emitía soniditos extraños. Se reía, pero a la vez lloraba.

-   Oh Gerard, mi amor yo sólo quería… – dijo al final y se arrodilló en el umbral de la puerta –Yo sólo quería… un poquito de ternura – susurró tocándose la cabeza – No es mucho pedir ¿sabes? Sólo un poquito de verdad, de amor

El sonido de los vidrios cayendo por pedazos lo atrajo. Un brazo salía de la camioneta arrancando los cristales adheridos en el borde. Otro brazo ayudando a quitarlos y poco a poco se empujaba hacía afuera.
¿Quién estaba en la camioneta?
Los brazos eran pequeños. Delgados.
¿A caso Frank tenía a sus hijas…?
Lily no podía ser. Sus brazos eran más gorditos. Además, no la veía arrancando vidrios, si no, llorando dentro. Cherry. Ella tenía que ser. Pero… ¿Qué hacía Cherry con Mikey y Frank? A menos que… sea la hija de Gerard.

Los brazos desesperados arrancaban los vidrios con fuerza. Unos grititos de dolor venían. La sangre de sus manos se pegaba en los cristales. Poco a poco la cabeza salió.
Tenía que salir de ahí ha como de lugar. El tiempo se estaba terminando. Había demorado tanto en romper el vidrio. Tanto. Sus manos sangraban. Los vidrios estaban por todas partes, pero no importaba. Que importaban los cortes. Ella se había hecho unos más profundos y seguía viva.
Frank observó la escena con el cuchillo en mano y seco sus lágrimas. Avanzo despacio hacía la camioneta y habló tiernamente

-   Te vas a cortar cariño, déjame abrirte la puerta ¿Si? – le dijo Frank con ternura

¿Puedo ser la única esperanza para ti?

Bandit comenzó a gritar y se lanzó nuevamente hacia el coche.
Se golpeó la cabeza y Cherry apareció de repente  en su mente.
Cherry siempre estaba en su mente, aunque se empeñara en negarlo.

-   ¿Me quieres?

Bandit beso los labios de Cherry. No le dijo que la quería. No era necesario. Cherry sonrió y se besaron otra vez.

-   Síguele la corriente, mi papá está un poco loco desde que el tuyo murió – le dijo Cherry acariciándole el cabello
-   …
-   ¿Pasa algo?
-   Si no vuelvo en una hora, búscame
-   ¿Qué?
-   No puedo decírtelo ahora… no me dejes sola, si me quieres, no me dejes sola
-   ¿Sucede algo? Estas temblando Bandit tu nunca tiemblas ¿Qué sucede?
-   Por favor… - suplicó Bandit

Cherry la abrazó. Beso sus labios. Bandit estaba fría. Asustada.
Frank apareció de repente, su mirada estaba perdida. Beso a su hija en la frente y se llevó a Bandit.

-   ¿A dónde van papá?
-   Voy a llevar a Bandit a ver a Alicia
-   ¿Puedo acompañarlos?
-   Alicia no es tu familia. Quédate cuidando a tu hermana y no salgas
-   Pero…
-   ¡No salgas! – gritó su padre dando un fuerte portazo

Bandit parpadeó por un instante.
¿Realmente iba a morir ahí mismo?
Estaba mareada por el golpe, por Cherry.
Los recuerdos la abrumaban.
Cherry la abrumaba. Su amor por ella la abrumaba.
No era correcto.
No podía quererla.
No.
No podía querer a la hija de ese loco de mierda.

Pero sus besos aparecieron otra vez. Cherry, le sonreía. Le decía que la quería. Que estaría con ella por siempre. Su padre bajaba dentro de ese frío ataúd y Cherry apretaba su mano. La apretaba y le repetía que la quería. Todo estará bien. Yo estaré contigo siempre.

-   Siempre he pensado que yo no te gusto – le dijo Frank con ojos tristes, volviéndola a la realidad
-   Cherry nos espera en casa ¿Ok? Llévame con ella
-   Tu papá me ama ¿sabes? Ahora que tu mamá murió, nos vamos a ir a vivir juntos lejos
-   Mi papá está muerto. ¡TÚ LO MATASTE!
-   Tú no me quieres Bandit, no me quieres como tu segundo papá, por eso tengo que deshacerme de ti ¿entiendes? – dijo metiendo la cabeza en la camioneta.

Bandit le lanzó una patada en la quijada. Frank se la tocó y le cayó una lágrima del rostro.

-   ¿Sabes? Gerard hace lo mismo. Cuando se enoja también me pega, a mí y hasta a las niñas…
-   Déjame en paz, ¿Dónde está mi tío?
-   Tengo que deshacerme de ti para que él sea bueno otra vez, tú lo amargas, tu madre lo amargaba
-   ¡MIKEY! ¡AUXILIO AYUDENME POR FAVOR!


Frank forcejeó la manija de la puerta, pero esta no cedía. Con el cuchillo en la mano introdujo su cuerpo en la ventana y cogió fuertemente a Bandit con ambas manos, arrastrándola hacia afuera. Esta gritaba histéricamente, mientras se defendía con todas sus fuerzas. Pero era inútil.
Al fin el cuerpo de Bandit salió arrastras de la camioneta. Tenía vidrio roto pegado en el cabello y la espalda.
Frank la lanzó al asfalto, mientras sus lágrimas seguían cayendo por su rostro

-   Lo siento Bandit, pero tu papá es malo cuando esta con ustedes. Es malo conmigo. Muy malo ¿sabes? – dijo pisando la pierna de Bandit
-   No me mates, por favor – dijo con el rostro lleno de dolor
-   Además, no me gusta que estés con mi hija. Ustedes los Way son malos con nosotros.

La otra pierna de Frank pisó el estómago de Bandit, haciéndola chillar de dolor. Este se sentó sobre ella sin quitarle la vista de los ojos. Sus ojos verdes, grandes. Esos ojos hermosos de Gerard. Su Gerard. Las lágrimas comenzaron a caerle nuevamente por el rostro. La cuchilla temblaba en sus manos.

-   Si él tan sólo me hubiera dado un poquito de amor

El cuchillo rozó la pupila de Bandit, al mismo tiempo que una piedra grande cayó sobre la cabeza de Frank. Michael Pedicone apareció detrás de ellos con el rostro desfigurado,  una cojera y mucha cólera por dentro. No podía permitir que Frank siga lastimando a más gente. No iba a permitir que mate a una pequeña. No. Frank cayó desmayado sobre el cuerpo de Bandit, quien se escabulló y se levantó rápidamente del suelo. Aún podía sentir el frío del cuchillo en su ojo. Se puso a llorar de nervios, mientras abrazaba a Michael Pedicone.

-   asss llaaaes lel auttto? – preguntó Pedicone

Bandit estaba en shock. No escuchaba a Pedicone. En su mente rondaba su padre gritando, empujando a Iero, golpeándolo.
No me dejes. Repetía Frank. Por favor, no me dejes.
Ambos le arrancaron la ropa, lo lanzaron al suelo.
Jarrod riéndose. Frank chillando. Su padre destrozándolo.
Agárralo Jarrod. Agárralo fuerte, a ver si se le quitan las ganas de enviar anónimos.
¿Estará muerto? Preguntaba Jarrod. Gerard estaba nervioso.
Mierda, lo matamos. ¿Frank? ¡Frank, despierta!
Un sonido fuerte.
Un grito.
Jarrod cayó muerto al suelo.
Frank tenía los ojos volados.
Un guante negro. Una capucha negra.
Su padre sangraba. Agonizaba.
Los mataste, repitió.
Los mataste Frank. Los mataste. Estás loco, loquito.

Todo había pasado muy rápido. Ella se había escondido.
Lo siguiente que supo, fue que su padre había sido encontrado en un acantilado muerto.

-   Ass llaess? – insistió Pedicone

Bandit lo miró y se asustó. Su rostro desfigurado, estaba rojo por el esfuerzo. Ella lo miró y movió la cabeza a ambos lados. No sabía dónde estaban las llaves. Si lo hubiera sabido, se abría largado hace mucho rato.
 Michael tomó su mano y la jaló hacia el bosque. Bandit estaba tan asustada, que dudaba si seguir al deforme ese, o meterse a buscar a su tío en la casa.

-   Aammos – decía Pedicone jalándola

En eso, Frank comenzó a recobrar el conocimiento y vio a Pedicone de pie.

-   ¿Michael?

Pedicone levanto una piedra del suelo. No era muy grande, pero era una piedra. Le dolían las piernas por el esfuerzo.

-   Nnn t mmmuvass
-   Oh Michael, estás bien
-   ¡Quiiiiieto!

El sonido de un auto se acercaba a la casa. Bandit hecho a correr hacia este, mientras Pedicone intentaba moverse del lugar, pero no podía. Las piernas lo estaban matando. La cabeza le estallaba de dolor. Y su ojo, poco a poco volvía a las tinieblas.
La piedra que tenía en la mano se cayó a sus pies, mientras Frank muy despacio, se incorporó con el cuchillo en la mano.
Pedicone quiso escapar, pero su cuerpo se rindió. Frank se lanzó sobre él con el cuchillo en la mano, pero cayó de bruces al suelo en el momento que iba a apuñalarlo.

Michael abrió el único ojo casi ciego que le quedaba a ver qué demonios había pasado, pero su visión cada vez estaba más borrosa. Lo único que pudo ver, fue una sombra oscura arrastrando el cuerpo de Iero hasta la casa.
Cuando volvió a abrir el ojo, estaba en un hospital, con su ex esposa, sus hermanos y su madre alrededor suyo.


sábado, 25 de agosto de 2012

Capitulo XXX


30





El martilleo frenético del corazón de Frank retumbaba en las cuatro paredes de la habitación. Su respiración agitada, su cuerpo tembloroso, sus manos mojadas de frío sudor. Es él, siempre fue él, se repitió mentalmente, mientras veía los ojos grandes, verdes, muy verdes de Gerard, que lo miraban como invitándolo a hundirse en ellos otra vez. Una y otra vez más...
Por un momento pensó en acercarse a él y dejarse llevar como siempre. Perderse en sus ojos, su cuerpo, empaparse otra vez y dar vueltas en el limbo de una espera eterna, como lo fue siempre su amor. Pero solo se quedó ahí, con el corazón cada vez más acelerado, con ansias de besarlo, de caer otra vez en sus brazos, de sufrir en silencio, a escondidas, a puerta cerrada, donde nadie pueda verlo, donde todos vean a Gerard con con Lindsey, con Bandit, con Mikey, con Jarrod, con cualquiera menos con él. Nunca más con él.
Gerard siguió mirándolo, parecía que le estaba hablando con los ojos cómo antes. Diciéndole cosas que Frank no quería escuchar, refregándoselo todo una vez más en la cara, cuando Frank solo quería amor. Solo tu amor...solo quiero tu amor Geezy. Pero yo no te amo, nunca te amé. ¿Es que no puedes entenderlo? Gerard le sonreía y a Frank ya le ardían los ojos. El sí podía entender eso, pero no quería. ¿Cómo rayos podría querer entender eso de que nunca lo amo? Solo eres sexo, puro sexo. Una calentura del tour.
Sus manos saltaron hacia sus oídos, tapando la voz de su amado que no se callaba en su mente. Gerard por su parte comenzó a reírse de él.
¡Tú me amas! ¡Me adoras Gerard, tú y yo somos uno! Le gritaba mentalmente, mientras contemplaba los ojos verdes, que parecían comerlo con la mirada. El me ama, el jamás me haría daño, se repetía mentalmente. Pero le había hecho daño. MUCHO DAÑO.

Gerard se reía frente a él, cómo todas esas veces en las que lo había humillado. Frank se sentó en el piso y se hizo un ovillo. ¿Cómo rayos pudo? Las palabras que tenía para él desde la última vez que lo vio, se quedaron atravesadas en su garganta. No podía hablar. Tampoco tenía idea que cosa podía decirle ahora que sabía que él era su torturador. Al ver esto, Gerard camino por la habitación tocando los cuadros que estaban colgados, aquellos recuerdos que parecían cobrar vida. Frank sintió como se cargaban de sus sentimientos, de voces, de su voz, de Gerard, de su desamor, de su sonrisa, de sus golpes, de sus insultos, de su capucha negra, sus malas costumbres, las veces que mato su amor.

-        Dime Frank, ¿Ya se borró mi olor de tu cama? – dijo acariciando uno de los cuadros

Los ojos de Frank comenzaron a escocerle. Gerard le sonrió y siguió viendo los cuadros. En ese momento, los borrosos recuerdos de la última vez que lo vio aparecían como fotografías con flash que lo cegaban sin retener una imagen fija en la cabeza.
¿O es que no quería recordar?
No me dejes, gritaba él en su recuerdo. Pero lo dejó y cuando volvió con esa capucha negra...tampoco le dio amor. Nunca le dio amor.
Lo encontraste Frank, ahí está, frente a ti. Tanto que lo buscabas, y ha vuelto por ti. Si, por ti. ¿Por qué no disfrutas un poco de él en vez de salir corriendo como una gallina?
Porque me va a matar. Se contestó así mismo. Gerard me va a matar. Pero quizás… eso es lo que querías. Que él te mate. ¿Por eso lo buscabas no? Querías que vuelva para que te viole, te insulte, te golpee, te corte en pedacitos. Si, Frank masoquista, eso querías, una buena tunda, un escarmiento, mas secuelas en tu cuerpo, en tu alma, en tu corazón...

Sus latidos, su respiración agitada y los sonidos de los pasos de Gerard se silenciaron todos en ese momento. Un silencio húmedo y pesado se cierne en toda la casa. Cuando estuvo a punto de moverse del mueble, una serie de voces y gritos de distintos tiempos empezaron a resonar en su mente. Eran conversaciones pasadas con Gerard, eran sus gritos, era la risa de él. Con ambas manos, Frank tapo sus oídos como si el sonido viniera de fuera y así pudiera apagarlos, pero era inútil. Esos gritos estaban en su cabeza. En sus recuerdos. En su piel. En cada parte de su cuerpo. Eran gritos de pavor, de suplica. Gritos de gente que ya no existe.
¿Puedo ser la única esperanza para ti?

-   ¿Es difícil borrar las secuelas que deje en ti, verdad cariño?
-   Por favor… - suplicó Frank sin poder levantarse aún
-   Oh Frank, ¿De verdad crees que vas a olvidar lo que paso?

Los ojos de Gerard ahora parecían ausentes. Lo miraban, y se perdían en algún lugar de su mente. Sus palabras ahora carecían de vida, de amor, hasta de maldad. Y eso era lo que más le asustó a Frank.
Despacio, retrocedió temblando en el sofá y estuvo a punto de caer al suelo de espaldas. Pero Gerard avanzó despacio y lo jaló nuevamente hacia el asiento del mueble con fuerza, haciéndole doler las heridas que traía en la espalda, y se sentó sobre él con las piernas abiertas, dejándolo indefenso bajo él.

-        Por favor… no me hagas daño – suplicó Frank, haciendo reír estruendosamente a Gerard

La sonrisa histérica de Gerard junto a sus ojos vacíos y perdidos, hicieron que esos recuerdos borrosos de la última vez que lo vio como Gerard y no como el encapuchado, aparecieran con nitidez en su mente. ¿Cómo recién ahora podía recordarlo? Muy fácil, no querías pensar en ellos. No querías recordarlo, querías olvidar todo. No se trata de olvidar, si no de recordar sin dolor, se dijo involuntariamente. Pero él no podía recordar sin dolor. ¡NO PODÍA! Gerard le dolía en lo más profundo de su alma, de su corazón magullado.
La escena aparecía en su casa de New Jersey, podía ver el cuadro de ambos en la mesa de centro en la sala. Su álbum de platino colgado, las muñecas de sus hijas en el suelo. Gerard frente a él mascando un chicle, los brazos cruzados. Y Jarrod a su lado.
Gerard acarició suavemente el rostro de Frank, sacándolo de ese trance donde estaba de la mano de Jarrod, riéndose, mirándolo. Frank se puso a temblar
¿Puedo ser la única esperanza para ti mi amor?
Acaricio su cabello con sus dedos y lo retiro de su rostro sudoroso. Tocó sus manos lastimadas, besó su cabeza dolorida, y rozo suavemente su nariz con la de Frank.
Gerard se despegó de Frank suavemente y con el brazo jalo un pequeño cuadro sobre la mesita de Frank

-        ¿Recuerdas este día?

Frank miró el cuadro, cómo todas las mañanas y tuvo ganas de gritarle a Gerard por todo lo que había pasado, lo que recordaba, lo que aún su mente no quería recordar. En el cuadro, ambos lucían sonrientes con un premio ganado en una revista allá por el 2012. Frank tenía el cabello revoloteado y una chompa roja, Gerard a su lado estaba con lentes, el cabello descolorido y las manos sobre las caderas de Frank apretándolo hacia él. La foto había sido tomada con el celular de Frank. Tras ellos, se veía un pequeño poster hecho por ambos, donde lucían vestidos como fantasmas. La calidez de sus sonrisas, las miradas cómplices y el calor de ambos cuerpos que se trasmitía en la foto, parecía pertenecer a dos cuerpos totalmente extraños a los que ahora lucían como si fueran desconocidos.

-        Si - soltó después de un largo silencio - lo recuerdo... el video de los premios Kerrang, estábamos...
-        Enamorados - interrumpió Gerard
-        Yo aún... - quiso decir, pero se cortó en ese momento
-        Me amas... ¿Es lo que ibas a decir? ¿Me amas a pesar de que te deje por Jarrod?

Y fue ahí, donde Frank comenzó a recordar todo.
Gerard entro a la casa de Frank con la llave que este le había dado cuando aún vivía con él, y lo llamó a gritos. Frank estaba en la ducha en ese momento, Michael Pedicone había salido quince minutos antes de la casa a visitar a sus padres, y este estaba sólo. Cuando escuchó los gritos de Gerard lo primero que hizo fue asustarse, después al reconocer la voz de Gerard, salió con una toalla en el cuerpo y una sonrisa en los labios.

-        ¿Me puedes decir porque demonios haz llamado a mi casa?
-        ¿Cómo dices?
-        ¡No te hagas el imbécil! La empleada le ha dicho a Lindsey que llamaste borracho en la madrugada
-        No, no lo he hecho, jamás llamaría a tu casa… Dios no puedo creer que estés aquí – dijo Frank con una sonrisa en los labios
-        ¡Maldito mentiroso, sólo quieres destruir mi matrimonio! – Gritó Gerard lanzándole un puñete a Frank, lanzándolo al piso. La toalla se soltó parcialmente de su cuerpo
-        ¿Necesitas ayuda? – le dijo una voz a Gerard, Frank levantó el rostro y vió a Jarrod Alexander parado a lado de Gerard
-        ¡Yo te voy a enseñar a dejar de llamar a mi casa!

Y fue ahí donde Gerard comenzó a patear su cuerpo en el piso, mientras Frank intentaba vanamente defenderse. Jarrod al ver esto, sumo sus patadas junto a las de Gerard, en el cuerpo de Frank que se retorcía en el piso, hasta que dejo de moverse.

-        Creo que lo has matado – le dijo Gerard a Jarrod
-        ¿Yo? Fuiste tú quien empezó todo, además ¡No es lo que querías!
-        Cállate imbécil, si alguien se entera de esto mi carrera esta arruinada

Frank no estaba muerto. Tampoco inconsciente. Se había desmayado un momento, sí, pero recobró el conocimiento a los instantes, y prefirió cerrar los ojos para que los golpes cesen. Y dió resultado, Gerard estaba seguro de que lo había matado y eso parecía importarle poco.
Jarrod por su parte corrió hacia el patio con una sonrisa en los labios. Gerard al verlo salir, se arrodillo a los pies de Frank y paso una mano por el cabello de este. Que mierda he hecho, se dijo.

-        ¿Frank? – preguntó bajito sin escuchar respuesta

Jarrod apareció con un pico y una pala en las manos. Gerard sintió escalofríos.

-        ¿Lo enterramos? – Pregunta Jarrod

Gerard asiente con la cabeza sin saber que está haciendo. Frank ve el movimiento, pero no el sentimiento que está rompiendo a Gerard por un instante.

-        ¿Y qué hacemos con los perros?  - pregunta Gerard – Podrían olerlo en el jardín
-        Podemos matar a sus perros
-        Eso no, mejor… - quiere decirle para llamar a una ambulancia, pero las palabras no le salen.
-        ¿Y un accidente de carro? – propone Jarrod
-        ¿Un, que?
-        Aventamos su camioneta al acantilado con el dentro, lo llenamos de gasolina, y lo demás es historia.

Frank no pudo ver estrujarse el rostro de Gerard cuando Jarrod dijo eso. Sólo lo vio irse a buscar su camioneta. En ese momento, algo se rompió dentro de él. Algo que removió todo el daño que le había hecho en más de veinte años juntos.

Frank abrió los ojos y volvió a la realidad. Gerard seguía sentado sobre él, sin el cuadro en la mano, mirándolo, burlándose de él. Frank quería empujarlo, golpearlo, gritarle que lo odiaba, pero no podía. Sus brazos estaban libres, pero los sentía pesados, su voz parecía haberse apagado.

-        Dicen que el tiempo olvida todo, pero cariño ¿De verdad crees que vas a olvidar lo que paso? – le dijo Gerard

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Frank, sentía que poco a poco se desmoronaba más por dentro, cómo si las pilas de su cuerpo se estuvieran desgastando cada vez más y más…

-        No Frank, nunca olvidarás lo que viviste… nunca. Aunque intentes ocultarlo en tu mente, cómo lo has venido haciendo desde que paso, siempre estará presente en tu vida. Siempre estarás en busca de mi olor en tus sábanas, de mi cuerpo sobre el tuyo, de mis manos alrededor de tu cuello frágil. – Gerard comenzó a ahorcar a Frank

Frank dejo que Gerard apretara su garganta y comenzó a llorar. Gerard al verlo sin defenderse, limpió sus lágrimas y acercó sus labios sobre los de Frank. Lo besó como si fuera la última vez, hasta que Gerard poco a poco comenzó a desvanecerse frente a él, dejando a Frank más sólo que nunca.
La navaja con la que había sido asesinado Mikey instantes antes cayó de la palma de su mano. Una vocecilla en su cabeza le susurró algo ilegible que el intentó bloquear. Se levantó del mueble intentando no pisar el cadáver de Mikey y comenzó a gritar el nombre de Gerard. Pero él ya no estaba ahí. Nunca había estado ahí.


domingo, 13 de mayo de 2012

Capitulo XXIX


29







El saco de papas rodó. Frank lo miraba con los ojos pasmados, estaba temblando. Con un pie, el encapuchado detuvo el saco y comenzó a presionar sobre este. Unos quejidos agonizantes venían de dentro. Frank quiso lanzarse sobre el encapuchado, pero ahí se dio cuenta de que estaba amarrado en una silla. No podía moverse de ninguna manera.

-        Por favor… - suplicó.

El encapuchado lo miró y presionó más fuerte el saco, donde la voz cada vez se hacía más tortuosa.

-        Déjalo en paz, te lo ruego – dijo Frank entre lágrimas

De su cinto, el encapuchado sacó un cuchillo y se puso de cuclillas frente al saco oscuro. De un tajo, rompió la atadura. Una temerosa y blanca mano salió de ahí lentamente. Estaba sucia, tenía sangre seca pegada, uno de sus dedos estaba doblado, como si estuviera roto. Poco a poco otra mano se fue acercando a la otra que movía los dedos con dificultad, los brazos desnudos empezaron a asomarse, un mecho de cabello y el rostro…

-        ¿Puedo ser la única esperanza para ti? – pregunta la voz dentro del saco

Apagón. Oscuridad. Silencio.
Una gotera cerca.
Luz. Mi casa en New Jersey. La última vez que vi a Gerard.
Abrazo mis abrazos.

-        ¿Papá?

Frank abre los ojos de golpe, su hija está frente suyo mirándolo de una manera extraña. A él le arden los ojos y se los frota. Sus manos se mojan de lágrimas. Tiene el rostro empapado de ellas.

-        ¿Te encuentras bien?

No sabe que responderle. No quiere mentirle, pero tampoco preocuparla más. Cherry se sienta a su lado y lo abraza. Él se deja abrazar un rato y luego también la abraza a ella.

-        ¿Cómo esta Bandit? – le pregunta terminando el abrazo
-        No ha querido comer nada hoy, tampoco quiere hablar… ya paso una semana
-        Lo sé
-        ¿Bandit se quedará con nosotros, verdad?
-        Quedé en hablar hoy con Alicia, ya veremos… - dijo levantándose del sofá.
-        ¿Papá?
-        ¿Si cariño? – dijo esquivando la mirada de su hija
-        Te quiero mucho, Lily y yo te queremos, te necesitamos ¿Lo entiendes?

Frank le regaló una sonrisa triste y salió de la habitación.

Llegó 10 minutos antes de la cita acordada.
Las manos le sudaban, los brazos le picaban, las piernas le temblaban, la cabeza le dolía, el corazón parecía salirse del pecho. Su sueño había sido tan real.
Intentó enfocar sus pensamientos a lo que había venido, pero solo conseguía revisar una vez más su celular y recordar aquel saco de papas. Una y otra vez más, repetirle ¿Puedo ser la única esperanza para ti? Quien lo viera pasar y supiera de él, no podría reconocerlo. Frank parecía un estropajo. Y no sólo por su ropa, sino porque su rostro parecía haber envejecido 10 años.  Nuevamente reviso su celular. Nada.
La camarera se le acercó y este le pidió un expreso doble y se lo tomó de un trago. A los cinco minutos, pidió otro más y lo acompaño con un queque. El tercero lo pidió solo por que aun no había ni probado el queque. Cuando pidió el cuarto, ella apareció.
Traía una pañoleta envuelta en la cabeza, que solo dejaba escapar su largo cabello negro que tapaba sus pechos. Usaba unos lentes grandes negros que escondían su rostro, junto a un pantalón y chaqueta negra. Su caminar era rápido, ansioso, mascaba un chicle furiosamente. Los tacones altos resonaban en el parquet del café cuando se acercaba presurosamente a la mesa, moviendo su cartera, haciendo sonar sus llaveros. Frank reviso una vez más su celular y paso saliva. Ella jaló la silla de enfrente, y se sentó moviendo las manos nerviosamente.

-        No puedo quedarme mucho tiempo - dijo Alicia Way con la mirada en sus manos, sus labios no estaban pintados, pero no era necesario, se veían rojos, hinchados, ¿Acaso estaban partíos?
-        ¿Te sientes bien? - le pregunto Frank al ver que ella temblaba un poco

Alicia bajo la vista y no dijo nada. Frank intentó no prestarle atención a su actitud. Total. Alicia siempre había sido una mujer extraña. Por algo se había casado con Mikey ¿No?

-        Ha pasado una semana desde que Lindsey…
-        ¿Quieres hablar de Lindsey?
-        No, no quiero hablar de ella. Alicia, Bandit necesita a su padre, cada día está peor, no habla, no come. Cherry está a su lado, la apoya, pero… no es suficiente… ¡Necesita a su padre! Eres la única que me puede ayudar. Tu marido sabe…
-        Mikey es un buen hombre Frank, tan sólo es incomprendido por todos

Frank quería decirle a Alicia, que sabía que su marido de buen hombre no tenía nada y ni ella misma se creía esa cháchara que acababa de decir. Mikey estaba loco, completamente loco. Siempre lo estuvo. Gerard tenía que sacarlo de las giras cada temporada por qué no tomaba sus pastillas, era bipolar, el lo sabía, pero no le interesaba controlarlo. O quizás no podía ya hacer nada por él. Por un momento volvió a su mente una serie de fotos que circularon en la prensa, allá por el 2013. Mikey había tenido uno de sus grandes bajones, y no tuvo mejor idea que revolcarse públicamente con una fan de la banda. Lo peor de todo fue que humilló públicamente a Alicia. La pelea fue terrible, pero esas fotos de su romance no eran las que Frank recordaba con temor. Eran aquellas que la prensa saco del cuerpo de la chica, mutilado, esparcido a una manzana de la casa de Mikey. La prensa especulo que la culpable había sido la misma Alicia en un ataque de celos, pero Alicia en ese momento había viajado a Hawai con unas amigas. Además según la prensa, Mikey fue la última vez en verla con vida. Luego aparecieron un grupo de fanáticas un poco trastornadas culpándose del asesinato. Luego pasaron los años y la gente se olvidó del tema. El también por supuesto. Había estado muy ocupado detrás de Gerard, cómo siempre. Disimuladamente miró su celular. No había ningún mensaje.

-        Alicia… - soltó de repente, necesitaba saber de Gerard, sentía que moría cada momento sin saber de él
-        Esto es difícil para mí - dijo Alicia rompiendo en llanto, Frank tomó su mano y la apretó
-        Tienes que ayudarme, por favor
-        Yo pensé que podía detenerlo, siempre pienso eso, yo ayudaré a Mikey, lo llevaré por el camino del bien... – dijo y comenzaron a caer lagrimas debajo de sus lentes
-        Tranquila, aun estamos a tiempo  – le dije acercándole una servilleta
-        Es mi culpa… yo… yo no debí permitirlo, cuando Jamia me contó lo que te hiso…
-        No te pedí que vengas para culparte, se que lo amas, no entiendo como pero…
-        Al principio pensé que era una tonta broma, pero…
-        ¿Broma? ¿Tienes idea de cómo me siento? ¿De cómo está Bandit?
-        Yo no puedo tenerla, ella estará bien con ustedes, Jamia la quiere... es una niña grande, ella...
-        ¡Perdió a sus padres porque tu marido los mato!
-        ¡No!  - gritó Alicia mirándolo por primera vez a los ojos en la tarde – él jamás haría una cosa así
-        ¡Mató a la fan esa! ¡A la Sarah! Joder, toda su vida odio a su hermano, a la loca de Lindsey, porque lo odiaba. Tienes que ayudarme, tu sabes donde esta él
-        ¡Basta! No son más que mentiras lo que dices
-        Necesito verlo, Bandit también… ¡lo merecemos!
-        Olvídense de Mikey, yo me encargaré de que mi bebé vuelva a ser un chico dulce y bueno – dijo Alicia con la voz gangosa
-        ¡ME REFIERO A GERARD! ¿Donde lo tiene?
-        ¡Gerard está muerto!
-        ¡No lo está,  Mikey lo tiene secuestrado! – dije tocando sus manos y presionándolas

Ella miro mis manos emitiendo unos gemidos de llanto. Las soltó, levanto su rostro y se saco los lentes. Pude ver un cardenal alrededor de su ojo derecho desfigurándoselo, el otro ojo estaba tan magullado que parecía el de Pedicone. Se quito la bufanda, recogió su cabello rápidamente y vi mas cardenales rodeándole el cuello. Me asusté.

-        ¿Qué te ha hecho?
-        Yo amo a mi esposo ¿entiendes? lo amo a pesar de todo sus defectos
-        ¿Defectos? ¡MIRA LO QUE TE HA ECHO! ¡MIRA LO QUE LE HA HECHO A SU PROPIO HERMANO! ¡A BANDIT! Dios mío a Lindsey ¡No era tu amiga!
-        Lindsey se suicidó – dijo llorando
-        Mikey la mató, ella no se suicido como dicen los diarios ¡la mato! vi la camiseta ensangrentada...
-        No, eso no es cierto
-        ¡Si lo es! ¡Tu marido es un asesino, un loco de mierda!
-        ¡El solo está equivocado! - grito apretando mis muñecas, lastimándome

Alicia comenzó a gritar y a darme de golpes en el cuerpo. Todas las personas que estaban en el café voltearon a vernos. Los mozos estaban paralizados, no sabían si acercarse o no, la escena era de película. Yo le solté la muñeca e intente callarla pero fue inútil, se me había pasado la mano diciéndole todo eso. Debí hablar con tacto, debí hacer tantas cosas, pero... ¡estaba tan desesperado! En su mente solo estaba Gerard. Gerard sangrando. Gerard sangrando dentro de un saco de papas. El sueño era tan real.
Tres sujetos vestidos completamente de negro entraron en el café en ese momento. Uno de ellos forcejeo con Alicia y comenzó  a arrastrarla a fuera del café. Cuando Frank quiso defenderla, los otros dos se lanzaron sobre él, poniéndole un par de esposas en las muñecas. Frank sabía que esos sujetos no eran policías, que era la misma seguridad de Mikey, quien ahora lo arrastraba hacia la puerta del local. Ya afuera, Alicia, lloraba sin cesar, como todas esas noches en las que su marido luego de acostarse con ella, se enfurecía y la golpeaba. Mikey salió de una camioneta negra estacionada en la puerta y le lanzo una bofetada a su esposa. Esta cayó al piso llorando, jalando del pantalón a Mikey, rogándole, Bebé deja así las cosas, que ellos se encarguen, regresemos a casa, seamos felices, por lo que más quieras, no hagas nada malo. Pero Mikey no la escuchaba. Estaba ciego, sumergido en sus propios pensamientos. Lo único que quería es irse de ahí con Frank. Que todo termine, todo. Absolutamente todo.
Alicia se aferró a la cintura de su esposo intentando vanamente retenerlo, pero este la empujo cayendo al suelo otra vez.

-        Llévensela a casa y que no salga de ahí – dijo Mikey a dos de los matones, dándole la espalda a su esposa

La indiferencia de su marido, hiso que Alicia sintiera nuevamente los golpes que este le había propinado. Llorando en silencio y sin decir más, subió al auto. Secó sus lágrimas mirando por la ventana del auto cuando arrancó. Esas serian las últimas lágrimas, que ella derramaría por su esposo.

Frank por su parte, seguía forcejeando con el otro sujeto quien había abierto la puerta trasera de la camioneta de Frank eh intentaba meterlo a la fuerza. Como este se resistía, Mikey se acercó y le lanzó una bofetada que le reventó el labio. Fue así que al fin ingreso al auto, cayendo de mala manera entre el asiento, el suelo de la camioneta y Bandit.
La niña había permanecido en casa de Jamia desde que su madre había muerto. Su abuela materna había muerto, sus abuelos paternos habían desaparecido, su tío no quería saber de ella y Cherry no quería separarse de Bandit. Así que Jamia la acogió en su casa hasta esa tarde, en la que Alicia le contesto el teléfono a Frank, prometiéndole que lo ayudaría a encontrar a Gerard. Y Frank, quien no había podido sacarla una palabra a Bandit sobre su padre, puesto que seguía sin dirigirle la palabra a nadie excepto a Cherry. Se llevó a la niña a escondidas de su ex mujer, pensando que podría ablandar el corazón de Alicia al verla y así al fin poder llegar a Gerard.

-        ¡Porque mierda la has traído! - le grito Mikey a Frank golpeándolo dentro del auto
-        ¡Suéltame! ¡Qué le has hecho a Gerard! - dijo Frank intentando esquivar torpemente los golpes furiosos que le lanzaba Mikey

Bandit subió las piernas sobre el asiento de la camioneta y los abrazos. Mikey se acercó a su sobrina y le acarició el cabello, regalando a la niña una de esas muecas torcidas que fingían ser una sonrisa. Le preguntó que hacía en el auto de Frank. Pero Bandit no lo miraba, no le hablaba. Fingía no sentir los dedos de su tío sobre su mejilla.

-        ¡No quieres hablar conmigo! Bien majadera, entonces vienes con nosotros – dijo sonriéndole - Tú - le dijo Mikey al resguardo que permanecía a su lado – puedes irte, yo me encargo
-        ¿Está seguro señor?
-        Muy seguro – dijo sonriendo.

Frank se levantó torpemente y empujo a Mikey intentando salir del auto, pero este sacó del cinto del pantalón un arma, con el que le apuntó en la sien y ordeno que no se mueva o le volaría los sesos. Frank se pegó al asiento apretando la mano de Bandit quien seguía inmóvil. Los labios de Bandit comenzaron a abrirse poco a poco, como si intentara decir algo, pero no le salió palabra alguna. Vio una vez más a Frank desmayado a sus pies y apretó sus brazos, mientras sus recuerdos se abrían mostrándole lo vivido hace más de un año atrás.

Cuando Frank despertó, lo primero que sintió fueron las manos de Mikey arrastrarlo de la camioneta hacia el asfalto, levantándole la camiseta, raspándole el cuerpo. La cabeza le dolía inmensamente por los golpes recibidos con la culata del arma y tenia las muñecas raspadas, la piel se le estaba despellejando por la presión de las esposas.
Mikey al verlo despierto, le soltó la camiseta y comenzó a jalar sus cabellos, tirando fuertemente, haciendo que el dolor de  Frank se prolongue, mientras este soltaba estrepitosas risotadas.

-        Por favor, para esto… - suplico Frank
-        ¡No señor! ¡Tú lo empezaste! ¡Tú lo arreglas! – dijo Mikey pateando en el suelo a Frank quien se retorcía de dolor

Cuando vio inmovilizado por el dolor a Frank, Mikey se acercó a la camioneta, donde su sobrina seguía en estado de shock sin emitir palabra alguna. Se acercó para acariciar su rostro, pero esta retrocedió bruscamente y miró con desprecio a su tio.

-        ¡Majadera!  No te muevas de ahí ¡Oíste!

Bandit asintió sin mirar a su tío y se tapó los oídos.
¿Donde había escuchado eso? se preguntó y la imagen de su padre vino a su rostro. Sus ojos verdes, grandes, enfurecidos.
Papá, no me dejes aquí.
Cállate y no salgas ¿Ok?
Pero papá, por favor... ¡No me dejes!
Pero su padre no la escuchó. ¡No la escuchó! ¡Nunca la escuchaba! Bandit apretó los ojos y se puso a llorar.

La espalda de Frank estaba casi al rojo vivo. Mikey lo había llevado a la propia casa de este a las afueras de la ciudad y al llegar a la cocina, luego de arrastrarlo por todo el camino, lo había lanzado con tal fuerza contra la pequeña mesa de cocina, que Frank jamás imagino que Mikey pudiera tener tal fuerza.

-   ¿Quién anda ahí?

El sonido estruendoso de su cuerpo reventando la madera,  junto a los gritos histéricos de Frank, hicieron que la enfermera que cuidaba a Michael Pedicone y este, se acercarán a la cocina. Mikey, quien no iba a permitir interrupción alguna se acercó a la mujer y le regalo una mueca torcida en el rostro.

-   ¡Señor Iero! – gritó la enfermera acercándose a su jefe quien sangraba por la boca - Pero... ¿Quién es Usted? – dijo mirando a Mikey -  voy a llamar a la policía
-   ¡Oh no señora! ¡A mí nadie me interrumpe el juego!

Mikey amplió la mueca torcida en el rostro y  apunto el arma que tenía en las manos en dirección de la enfermera. La mujer profirió un gritó y corrió intentando escapar, pero la desesperación la hizo chocar con la silla de ruedas de Pedicone y cayó al piso, mientras Mikey seguía riéndose. La mujer se levantó torpemente e intentó huir.  Pero Mikey fue más rápido y le disparó en la nuca, donde la enfermera se desplomó y murió.
Frank se levantó del piso con dificultad e intentó escapar, pero Mikey ya lo había visto levantarse, así que lo empujo sobre el cadáver de la enfermera y volvió a lanzarle un culatazo en la cabeza, inmovilizando otra vez.
Michael Pedicone desde su silla de ruedas miraba toda la escena, su único ojo bueno se movió en dirección del arma de Mikey, su enfermera y Frank. Luego de eso, lo dejo quieto sobre el suelo.
La cabeza de Frank daba tantas vueltas que creyó que pronto se desmayaría y si es que Mikey no lo mataba ahí mismo. Pero lo que hiso, fue seguir arrastrándolo por la casa, hasta llegar a la sala, donde lo tiro sobre el mueble, poniendo este las rodillas sobre los muslos de Frank, apretándolos.

-   Aquí estamos al fin, pedazo de mierda, ahora dime ¿Qué creíste que hacías golpeándome en la cabeza? ¡Ah! ¡Contéstame!
-   ¿De qué...? ¿de qué hablas? por favor... ¡déjame ir!
-   Oh no, tu y yo estuvimos juntos ¡Hicimos el amor! ¡ME DIJISTE QUE ME AMABAS!
-   ¡No!  ¡Tú me engañaste! ¡Me hiciste creer que eras Gerard!
-   ¿Y sigues con eso? ¿Sigues con el jodido Gerard? ¡Es que no entiendes que está muerto! – dijo Mikey apretando las muñecas de Frank que estaban peladas cada vez más por las esposas

Frank comenzó a chillar de dolor. Mikey soltó sus muñecas y se bajo de encima de él y lo miró. Su boca botaba sangre por el labio reventado, sus muñecas lo hacían por la presión de las esposas, su nuca y parte del cuello tenía cardenales gigantes debido a los golpes con la culata del arma. Palpo sus bolsillos y saco una pequeña llavecita y le saco las esposas. Frank siguió llorando, le dolía el cuerpo, pero más el alma al saber que moriría sin ver a Gerard.

-   No vuelvas a mencionar a Gerard ¡El está muerto!
-   ¡No!  - le gritó Frank –  ¡tú lo tienes secuestrado!
-   ¡GERARD HIZO PUM - PUM!
-   ¡Mientes! ¡Yo lo vi!
-   ¡Cierra el pico! – gritó Mikey apuntándole con el arma en la cabeza

Frank se quedó inmóvil mirando al piso. El arma poco a poco retrocedió de su cabeza y sintió que esta temblaba. Un sonido gangoso vino del interior de Mikey, haciendo que Frank levante la cabeza a verlo. Sus ojos brillaban. Se estaban aguando.
Mikey lo miró con los ojos escociéndole y lanzó una risotada con el arma en la mano. Un disparó se escapó hacía el techo, haciendo que Mikey volviera a reír estruendosamente.

-   He hecho tanto por ti, tanto y tu… ¡Solo tenias ojos para ese maldito!
-   Yo no sabía lo que sentías, Mikey entiende que...
-   ¡Cállate! ahora me vas a escuchar... ese fan... ese estúpido fan, oh todos los fans son tan estúpidos, tan descontrolados… Sólo quería que te olvidaras del asunto. El imbécil estaba loco, esos obsesionados con que mi hermano te monte, y bueno... le pregunte quien era y ¿adivina que me dijo? ¡Soy el encapuchado!
-   ¡Tú eres el encapuchado!

El arma volvió a dispararse, pero esta vez gracias a las manos de Mikey. La bala paso a lado del hombro de Frank, quien lanzó un alarido y se tapo la cabeza con las manos.

-   ¡No me interrumpas! – le grito -  le dije al imbécil que seguro tú habías disfrutado lo que supuestamente el te había hecho, dado que Gerard siempre te hacia sufrir, cosa que no está lejos de la realidad porque a Gerard toda la vida le has importado una mierda
-   ¡No es cierto! ¡Gerard me ama!
-   Si claro, te ama. En fin, el muchacho aceptó la culpa y parece que no pudo con ella que se mató, pero tu... ¡terco! ¡Seguías buscando a Gerard! ¿No?
-   Mikey por favor, déjalo ir, yo... haré lo que me pidas
-   Harás lo que yo te pida si o si ¡Ahora eres mío!  ¡Me perteneces! ¡Todos estos años escondiéndome detrás de este estúpido bajo al que el maldito Gerard me esclavizo! Amándote en silencio, mientras tú no tenías más ojos que con él. Yo te eh amado  siempre, y te eh amado de verdad, de corazón, con amor, no cómo el... ¡Que se caso! ¡Te dejo! ¡Te hizo mierda!
-   ¡Eso no es cierto! Gerard me ama – dijo Frank tapándose los oídos
-   ¡Él nunca te amo! En cambio yo te ame desde el día que te conocí, te ame tanto y te odie tanto cuando te fijaste en Gerard. ¡Te odie tanto esa noche en la que te emborrachaste por primera vez en mi casa! Te iba a decir que te quedes conmigo... pero tú estabas encima de mi hermano, lo comías con la mirada y él lo sabía. Oh sí, claro que sabía, por eso te llevo a su habitación, te folló y te botó como basura a la mañana siguiente
-   No, no fue así, el tenía que trabajar...
-   Tenía que trabajar, si claro... ¡Tenía que ver a su novia! que es muy distinto. ¡Siempre te trato mal! ¡Siempre! Tú eras el que usaba cuando sus novias o su mujer tenían la regla, el que usaba cuando no podía tirarse a una fan, el que le curaba la calentura del tour
-   No es cierto, ¡Gerard me amaba! ¡Se mudo conmigo!
-   ¿Ah sí? ¿Y por qué se fue?
-   Lindsey…
-   Si claro, Lindsey ¿Estás seguro que es Lindsey por quien te dejó?

Frank lo miró a los ojos, e hizo un ademan de querer levantarse del mueble, pero no pudo. Sentía que el mundo empezaba a caerse alrededor suyo.
¿De qué hablaba Mikey? Su cabeza dio más vueltas. Gerard le había dicho que Lindsey lo estaba presionando con el nuevo bebé, que tenía que volver con ella. No había una tercera persona. Mikey estaba inventando eso.

-   ¿Aun te duele lo que te hizo? - preguntó Mikey - ya olvídate Frank, olvídate del jodido Gerard y concéntrate en mi, en el amor que tengo para ti
-   Mikey , por favor, tienes que parar con esto, piensa en tu esposa
-   ¿Alicia? Esa idiota... la sobreviviente - dijo Mikey apuntando nuevamente el arma en la sien de Frank
-   No lo hagas por favor
-   ¿No? Es lo justo, tu quisiste encerrarme, casi me meten preso ¡Y todo por que el niñito fue diciendo que yo lo quería secuestrar!
-   ¿Y qué es lo que haces ahora? ¡Me has secuestrado!
-   No me cambies el tema ¡Ese policía estaba atrás mío por tu culpa! Pero bueno, el hijo de puta hizo ¡Pum, Pum!
-   ¿Qué le hiciste? Dios Mikey...
-   Y eso que importa, lo único que importa es que todo lo hice por ti, para estar contigo, y la única manera de que estemos juntos por siempre, es la muerte - dijo Mikey acercando el arma al oído de Frank
-   Mikey te lo ruego, por favor no me mates
-   Te amo - le dijo Mikey sosteniendo con ambas manos el rostro de Frank sin soltar el arma

Sus labios se posaron sobre los de Frank, besándolos como nunca antes imagino hacerlo. Primero presionándolos con fuerza y luego tan delicadamente que sus labios parecían un par de algodones. El beso se prolongó hasta que el cuello de Mikey comenzó a sangrar a borbotones sobre Frank. La presión de las manos en su rostro cedió y la fuerza de sus besos se apagó. Los ojos de Mikey abiertos como platos miraron por última vez a Frank, apagándose por completo.

Un cuerpo vestido completamente de negro con un cuchillo lleno de sangre en la mano, apareció detrás del cuerpo que yacía muerto con la garganta abierta. Con una sonrisa, pateo el cadáver  y se acercó a Frank quien temblaba, manchado con la sangre de Mikey.

-        Debí matarlo hace mucho tiempo - dijo el encapuchado

Frank escuchó su voz, miro los ojos verdes del hombre que lo había violado, golpeado e intentado matar tantas veces, el sujeto que había destruido por completo, y sintió que se deshacía de unos tapones en los oídos, de un antifaz que no lo había dejado ver la realidad desde el primer día que lo tuvo al frente con esa capucha puesta.

¾    ¿Gerard?
¾    Hola mi amor - le dijo quitándose la capucha - ¿Me extrañaste? - preguntó con una sonrisa torcida en los labios.

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¡No falta nadita para el final!
Sí, al fin termina u_u
Bien amores, no olviden dejar un comentario desesperado, mil besos a todas, gracias por leer mis novelas, las quiero un montón!
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